Ya pasó la primera semana. Me acuerdo del lunes 29 cuando con mi hermana mirábamos el noticiero deseando que anunciaran que habían suspendido las clases, también de haber llegado el martes al cole y hablar con las chicas de si era desde el lunes o el miércoles que no teníamos que ir más. Al principio parece perfecta la idea de tener dos semanitas más de vacaciones, después pensas un poco y, por lo menos yo, siento que prefiero estar en el cole en medio de una prueba antes de en mi cama todo el día.
Mucho no me importaba lo de esta gripe, apenas empezó nadie le daba mucha importancia. Pero la última semana que fui al colegio, cuando vi al colectivero con barbijo, me empecé a asustar un poco. Cuando alguien tocía me daba terror, me tapaba la nariz y la boca con la manga del sweter. Quería llegar rápido a casa y lavarme bien las manos, a cada rato me ponía alcohol en gel.
Esa semana, y hasta hoy, el virus de la influenza o “gripe” tipo A (H1N1) era “el tema”. En casa hablaban de lo mal que estuvo el gobierno, de las pocas medidas que se tomaron y a destiempo. Apenas terminaba de mirar Casi Ángeles quedaba la tele encendida y escuchaba al noticiero, enseguida lo cambiaba, me daba miedo que le pasara algo a mi familia o amigos. A la noche me ponía a pensar en lo raro que es extrañar la rutina de todos los días, ir al cole, hacer la tarea, protestar por despertarme para ir al contraturno: ni había empezado la primer semana sin clases y ya quería volver a la escuela.
El sábado fue terrible, no podía hacer nada más que ir a caminar o a la casa de alguien, y de nuevo deseaba que todo volviera la normalidad. Me parece raro pensar esto, porque sinceramente odio ir al colegio, en cualquier otra situación dos semanas más de “vacaciones” serían una muy buena noticia, pero ahora no quiero otra cosa más que todo vuelva a la normalidad. Poder estudiar en la semana y hacer la tarea junto a mis compañeros, salir a donde quiera y sin miedo los fines de semana, poder saludar bien a mis amigos sin temor a contagiarme, no estar todo el día encerrada en casa; eso sería ahora la noticia que me gustaría escuchar.
Por ahora espero que estas dos semanas de “vacaciones forzadas” pasen rápido, que este problema desaparezca cuanto antes y que para mis vacaciones pueda disfrutar, salir y divertirme como cualquier chico de 15 años se merece. Y además ,buscando el lado positivo, pueda descansar para cuando vuelva al colegio que, seguramente, “nos van a llenar de tareas, pruebas y lecciones”.
Mucho no me importaba lo de esta gripe, apenas empezó nadie le daba mucha importancia. Pero la última semana que fui al colegio, cuando vi al colectivero con barbijo, me empecé a asustar un poco. Cuando alguien tocía me daba terror, me tapaba la nariz y la boca con la manga del sweter. Quería llegar rápido a casa y lavarme bien las manos, a cada rato me ponía alcohol en gel.
Esa semana, y hasta hoy, el virus de la influenza o “gripe” tipo A (H1N1) era “el tema”. En casa hablaban de lo mal que estuvo el gobierno, de las pocas medidas que se tomaron y a destiempo. Apenas terminaba de mirar Casi Ángeles quedaba la tele encendida y escuchaba al noticiero, enseguida lo cambiaba, me daba miedo que le pasara algo a mi familia o amigos. A la noche me ponía a pensar en lo raro que es extrañar la rutina de todos los días, ir al cole, hacer la tarea, protestar por despertarme para ir al contraturno: ni había empezado la primer semana sin clases y ya quería volver a la escuela.
El sábado fue terrible, no podía hacer nada más que ir a caminar o a la casa de alguien, y de nuevo deseaba que todo volviera la normalidad. Me parece raro pensar esto, porque sinceramente odio ir al colegio, en cualquier otra situación dos semanas más de “vacaciones” serían una muy buena noticia, pero ahora no quiero otra cosa más que todo vuelva a la normalidad. Poder estudiar en la semana y hacer la tarea junto a mis compañeros, salir a donde quiera y sin miedo los fines de semana, poder saludar bien a mis amigos sin temor a contagiarme, no estar todo el día encerrada en casa; eso sería ahora la noticia que me gustaría escuchar.
Por ahora espero que estas dos semanas de “vacaciones forzadas” pasen rápido, que este problema desaparezca cuanto antes y que para mis vacaciones pueda disfrutar, salir y divertirme como cualquier chico de 15 años se merece. Y además ,buscando el lado positivo, pueda descansar para cuando vuelva al colegio que, seguramente, “nos van a llenar de tareas, pruebas y lecciones”.