Hay situaciones que nos hacen reflexionar un poco, nos ponen en alerta. Es un lapso de tiempo en el que pienso en las cosas por las que tendría que estar agradecida en la vida y que, lamentablemente, no se apreciar.
Este es uno de los momentos en el que se vive con temor o respeto a la vida y a la muerte. Habrá excepciones, pero con la llegada de la influenza la mayoría de la gente comenzó a tomar medidas para cuidarse (claro esta que el gobierno no tomó ni toma las suficientes). Desde mayor higiene como lavarse seguido las manos, desinfectar la casa, utilizar alcohol a cada rato, hasta resignarse a salir de los hogares, menos que menos a lugares con aglomeración de gente.
Pero tristemente casi me arriesgaría a afirmar que muy poca de las personas que ahora cuidan su salud, lo seguirán haciendo cuando pase todo esto. Seguramente dejaran de lavarse las manos porque “No pasa nada”, tendrán menos cuidado al concurrir a lugares públicos y no se fijaran tanto ante cualquier síntoma de enfermedad, porque nuevamente “No pasa nada”.
Pero yendo más allá de valorar lo que hoy en día no podemos hacer a causa de la gripe porcina, uno nunca se da cuenta de las cosas que tiene, de la gente que lo rodea y lo hace feliz. Esa libertad de poder salir y no estar todo el día encerrados, esa seguridad que hace que no tengamos miedo de estar fuera de casa ni de estar rodeados de gente, eso es algo que tendríamos que apreciar todos los días. Aunque cueste ir a trabajar o a estudiar, al despertarnos tendríamos que agradecer la oportunidad de estar vivos un día más, de apreciar la luz del día, o el sonido de la lluvia, de estar con las personas que queremos y si estamos solos de tener un día más de vida para encontrar a esa gente que hace que nuestra vida tenga sentido.
Esas acciones, esa rutina de todos los días que, a veces, nos aburren o agotan, nos da tranquilidad y confianza porque todo es normal, todo esta bien. Es como sentirse en casa.
Espero que esta situación sirva para pensar un poco, valorar día a día lo que tenemos y darnos el gusto de ser felices.